La reciente reunión entre la gobernadora Mara Lezama Espinosa y el secretario de Marina, Almirante Raymundo Pedro Morales Ángeles, en Cancún, es un ejemplo claro de cómo la coordinación entre fuerzas civiles y militares puede y debe ser una herramienta para el bien común.
Más allá del acto protocolario, este encuentro evidencia una voluntad política real de hacer de la seguridad un proyecto compartido. No se trata solo de patrullajes o retenes visibles, sino de una estrategia de fondo: articular esfuerzos entre el gobierno estatal, la Marina y las autoridades municipales para responder con eficacia, legalidad y humanidad a los retos que enfrenta Quintana Roo.
Hablar de “construcción de paz” no es una frase vacía. Es una política pública que implica escuchar al pueblo, garantizar el respeto a los derechos humanos y atender las causas profundas de la violencia. Es también reconocer que la seguridad no se impone: se construye, paso a paso, con respeto, diálogo, cercanía y resultados.
Y en esa ruta, la Secretaría de Marina ha jugado un papel relevante. No solo en operativos contra el crimen, sino también en tareas de protección civil y en la lucha constante contra el sargazo, un fenómeno que afecta no solo al medio ambiente, sino a la economía y la imagen turística del estado. El uso de buques especializados, las barreras de contención y el apoyo de más de 200 elementos adicionales es un acto de responsabilidad institucional que merece ser destacado.
Además, vale la pena subrayar que el acompañamiento de la Marina durante la temporada de huracanes no solo es estratégico, sino profundamente humano: son vidas, familias y patrimonios los que se resguardan gracias a ese trabajo coordinado.
Frente a una realidad compleja, la esperanza no nace de discursos bonitos, sino de acciones concretas. Y cuando esas acciones se traducen en mayor presencia institucional, prevención del delito, atención al medio ambiente y protección a la ciudadanía, es justo decir que vamos por el camino correcto.
Sí, Quintana Roo tiene muchos desafíos. Pero también tiene un gobierno que entiende que gobernar no es ordenar, sino servir; y que servir implica tejer alianzas, tender puentes y no dejar a nadie fuera.
La paz no se decreta. La paz se construye. Y se construye mejor cuando todas y todos remamos hacia el mismo horizonte: el bienestar del pueblo.
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