Por décadas, la Zona Maya de Quintana Roo ha sido vista como “el patio trasero” del desarrollo. Promesas van, discursos vienen, pero la salud —ese derecho básico y universal— ha sido negada sistemáticamente a miles de familias mayas que han tenido que viajar horas para ser atendidas, o resignarse a que la enfermedad y la muerte lleguen primero que un médico especializado.
Por eso, la visita de la presidenta Claudia Sheinbaum y la gobernadora Mara Lezama al nuevo Hospital General de Felipe Carrillo Puerto no debe verse como una foto más, sino como un acto de justicia histórica, aunque llegue tarde.
Este hospital, con 90 camas y un área especial para partos tradicionales —respetando usos y costumbres de las mujeres mayas— no es un regalo. Es una deuda. Es la obligación del Estado con quienes han sido invisibilizados por años. Con quienes siguen hablando su lengua, cultivando su tierra y manteniendo vivas nuestras raíces… pero que aún esperan atención médica digna.
La gira presidencial no sólo incluyó este punto. También se revisaron avances del Hospital General de Chetumal, el Hospital Comunitario de José María Morelos, el Hospital Materno Infantil de Cancún y la anhelada construcción del primer Hospital General de Tercer Nivel en Cancún —que, increíblemente, aún no existe pese a ser el centro turístico más importante del país.
Mara Lezama, con su discurso de un gobierno “humanista y feminista”, aprovechó para pedir lo justo: equipamiento para hospitales que ya están construidos pero vacíos, quirófanos que esperan ser rehabilitados y tecnología médica esencial como un resonador magnético que, en cualquier ciudad moderna, no debería faltar.
Pero más allá del recorrido oficial, la verdadera pregunta es: esta vez, sí se cumplirá? Porque los pueblos de la Zona Maya no necesitan discursos ni placas inaugurales. Necesitan doctores, medicinas, camas, respeto a sus costumbres y una política de salud que los ponga al centro.
Si el nuevo gobierno federal realmente quiere mostrar que “ya cambió la forma de gobernar”, que lo haga desde lo más olvidado. Desde lo que no da votos, pero sí devuelve dignidad.
Hoy, un hospital empieza a tomar forma en el corazón maya. Que no se quede en ladrillos. Que se llene de vida, de atención, de respeto y de humanidad.
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