Lunes · Septiembre 14, 2026
El Gato Maya
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Un domo, una biblioteca… y una lección de dignidad para nuestras infancias

No porque se trate de “un favor”, sino porque lo justo, cuando se hace realidad, se vuelve noticia. Y eso pasó en la secundaria técnica “Ikal”, en la supermanzana 260 de Cancún. Ahí, donde estudian más de 900 niñas y niños, se levantó algo más que un domo y una biblioteca. Se lev

Un domo, una biblioteca… y una lección de dignidad para nuestras infancias
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No porque se trate de “un favor”, sino porque lo justo, cuando se hace realidad, se vuelve noticia. Y eso pasó en la secundaria técnica “Ikal”, en la supermanzana 260 de Cancún.

Ahí, donde estudian más de 900 niñas y niños, se levantó algo más que un domo y una biblioteca. Se levantó un mensaje claro: la educación pública también merece dignidad.

La gobernadora Mara Lezama llegó con algo que a veces brilla por su ausencia: palabra cumplida. Prometió un domo y lo entregó. Y no llegó sola: trajo también una biblioteca moderna, equipada, incluyente, y el anuncio de un próximo taller de cómputo para que las y los alumnos de esta secundaria no se queden atrás en la era digital.

¿Se trata solo de obras? No. Se trata de derechos que durante años se negaron con excusas y olvido, y que hoy se entregan sin clientelismo ni espectáculo. Se trata de que una estudiante, María Elizabeth, de tercer grado, tomó el micrófono para agradecer no sólo el espacio, sino el gesto de ser escuchada, de sentirse vista por un gobierno que, esta vez, decidió no postergar.

No es el domo. No es la biblioteca. Es el mensaje profundo que hay detrás: que nuestras infancias merecen crecer con sombra, con libros, con computadoras, con respeto.

Y sí, es cierto: se invirtieron millones de pesos públicos. Pero lo realmente valioso es que se invirtió en lo que de verdad importa. No en espectaculares, no en discursos vacíos. En aulas, en techos, en herramientas para que el conocimiento se abra paso en donde antes solo había carencias.

Y ojalá no haya que celebrarlo como excepción, sino como el nuevo mínimo indispensable. Porque cuando una niña lee a la sombra de un domo, rodeada de libros, lo que ocurre no es una obra pública. Es justicia.