Lunes · Septiembre 14, 2026
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Censura en Morena: Sheinbaum se deslinda, Layda Sansores reprime

La presidenta Claudia Sheinbaum ha lanzado un mensaje claro —al menos en el papel—: “Cualquier cosa que tenga que ver con la censura, estamos en contra”. Lo dijo al referirse, con diplomacia forzada, a la escandalosa censura contra Jorge Luis González Valdez, periodista del Diari

Censura en Morena: Sheinbaum se deslinda, Layda Sansores reprime
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La presidenta Claudia Sheinbaum ha lanzado un mensaje claro —al menos en el papel—: “Cualquier cosa que tenga que ver con la censura, estamos en contra”. Lo dijo al referirse, con diplomacia forzada, a la escandalosa censura contra Jorge Luis González Valdez, periodista del Diario Tribuna en Campeche promovida por la gobernadora morenista Layda Sansores.

Pero no nos hagamos tontos: este no es un simple «malentendido» entre compañeras de partido. Es una grieta evidente dentro de Morena, entre el discurso democrático que pretende sostener Sheinbaum y la práctica autoritaria que algunos de sus gobernadores —como Sansores— ejercen sin pudor.

Campeche no es una isla. Es un laboratorio de excesos, de abusos de poder, y ahora también, de represión disfrazada de orden. El caso del periodista censurado no es anecdótico, es un síntoma: la intolerancia al escrutinio y la crítica sigue viva, y a veces más cómoda que nunca, vestida con los colores del partido en el poder.

La respuesta de Sheinbaum —fría, distante, y como quien se lava las manos— es tan preocupante como el acto de censura en sí. “No conozco los detalles”, dice. Pero el problema no está en los detalles, sino en el principio. O estás a favor de la libertad de expresión, o no lo estás. No hay matices cuando se trata de derechos fundamentales.

Lo que ocurre aquí es una vieja historia disfrazada de nueva política: cuando el poder se siente cuestionado, responde con mordazas. Y lo más peligroso es que lo hace desde dentro del partido que prometió no repetir los errores del pasado.

Morena se enfrenta hoy a un dilema ético que no podrá seguir evadiendo: ¿será un movimiento que respeta la crítica, o un régimen que sólo tolera el aplauso? Porque no se puede gobernar un país diverso y complejo como México con la piel tan delgada y el ego tan grande.

La censura no es un exceso aislado, es una práctica que empieza a hacerse costumbre en algunos gobiernos morenistas. Y si la presidenta electa no toma postura firme, clara y coherente, la libertad de expresión quedará nuevamente a merced del capricho del poder.

La lucha por la democracia no termina con una elección; empieza cuando se gobierna con respeto a las voces disidentes. Porque sin libertad para criticar, lo que queda no es gobierno… es dominio.