Lunes · Septiembre 14, 2026
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Huevos de tortuga: ignorancia con sal y limón

En pleno siglo XXI, cuando cualquiera con un dedo pulgar y acceso a internet puede buscar información básica, hay quienes siguen creyendo que comerse los huevos de tortuga les va a dar potencia sexual. Sí, como si el deseo y el desempeño dependieran de una botana robada al mar. P

Huevos de tortuga: ignorancia con sal y limón
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En pleno siglo XXI, cuando cualquiera con un dedo pulgar y acceso a internet puede buscar información básica, hay quienes siguen creyendo que comerse los huevos de tortuga les va a dar potencia sexual. Sí, como si el deseo y el desempeño dependieran de una botana robada al mar. Pero no nos engañemos: no es tradición, es ignorancia. No es cultura, es delito.

Los huevos de tortuga NO son afrodisíacos, no lo han sido nunca, y no lo serán por mucho que lo jure el compadre calenturiento de la esquina. Lo que sí son, es una atrocidad contra una especie en peligro, un acto cobarde disfrazado de machismo folclórico y una muestra clara de que a muchos aún les falta evolución… y no precisamente espiritual.

Y el cinismo alcanza otro nivel cuando entendemos el contexto: estamos en plena temporada de liberación de crías de tortuga marina en las playas del Caribe mexicano. Miles de pequeñas vidas, frágiles y valientes, luchando por llegar al mar mientras otros humanos, supuestamente más evolucionados, siguen creyendo que destruir nidos les hará más “machos”.

Comerse los huevos de una tortuga es como arrancarle el futuro al mar. Es contribuir, con cada bocado, a la extinción. Pero claro, a algunos les importa más presumir virilidad con la boca llena que cuidar el equilibrio de un ecosistema del que también dependen sus hijos y nietos.

Y no es solo una cuestión moral, es un crimen ambiental. La ley lo prohíbe claramente. Pero en muchas playas mexicanas, aún se trafica con estos huevos como si fueran dulces en la feria. ¿Dónde están las autoridades? ¿Dónde están las conciencias?

Es patético ver cómo se normaliza el saqueo a nidos como si fuera una tradición respetable. Lo que debería darnos vergüenza es que aún haya quien se siente orgulloso de romper una ley y una vida al mismo tiempo, solo por creerse más “hombre”.

A los que aún se tragan el mito afrodisíaco, les invito a buscar ayuda, pero no en la playa, sino en un consultorio. La potencia no se consigue a costa de la naturaleza. Y la hombría no se mide por lo que comes, sino por lo que respetas.

La temporada de liberación debería llenarnos de esperanza y de responsabilidad. No es momento de saqueo, es tiempo de proteger.

Cuidar a las tortugas no es de ambientalistas “exagerados”. Es de humanos decentes.