Lunes · Septiembre 14, 2026
El Gato Maya
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México: economía de élite, pobreza de masas.

Es fácil hablar de estabilidad macroeconómica desde un escritorio en Hacienda. Es cómodo analizar “hojas de balance” cuando se desconoce la precariedad real de millones de personas. La desconexión entre la narrativa oficial y la vida cotidiana es cada vez más grotesca. Y es que m

México: economía de élite, pobreza de masas.
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Es fácil hablar de estabilidad macroeconómica desde un escritorio en Hacienda. Es cómodo analizar “hojas de balance” cuando se desconoce la precariedad real de millones de personas. La desconexión entre la narrativa oficial y la vida cotidiana es cada vez más grotesca.

Y es que mientras el país entero siente la presión en el bolsillo, el gobierno federal sale a presumir que México “descarta entrar en recesión” y que, en cambio, se perfila como un actor estratégico en la economía regional.

Durante el foro “Impulsando la competitividad de América del Norte”, altos funcionarios del gobierno mexicano aseguraron que la economía nacional goza de buena salud. Rodrigo Mariscal Paredes, economista en jefe de la SHCP, afirmó que “los hogares mexicanos tienen ahorros suficientes” para enfrentar una eventual recesión.

¿En qué México vive Mariscal? Porque el otro México —el de los millones de personas que sobreviven con un salario mínimo o en la informalidad— ve cómo cada día alcanza para menos. El alza en el precio de los alimentos, la renta, el transporte y los servicios básicos no se compensa con discursos ni con conferencias internacionales.

La inflación, aunque desacelerada, dejó una resaca brutal en las finanzas de las familias, y los “ahorros suficientes” de los que habla el gobierno simplemente no existen para una gran parte de la población.

Apostar por la competitividad en América del Norte no es en sí un error. Lo alarmante es que se utilice como cortina de humo para disfrazar una economía profundamente desigual. México puede estar en crecimiento técnico, pero con salarios raquíticos, empleo informal, concentración de la riqueza y servicios públicos en crisis, ¿de qué sirve ese crecimiento?

¿Quién mide el éxito? ¿El FMI, Wall Street, los foros empresariales? Porque si se lo preguntamos a una madre que paga tres camiones para llevar a su hijo a la escuela pública sin luz ni baños, su respuesta difícilmente será un aplauso.

No necesitamos más cifras optimistas, necesitamos políticas que pongan al ciudadano en el centro. Mientras tanto, seguir diciendo que todo va bien es más que una mentira: es una ofensa.