Lunes · Septiembre 14, 2026
El Gato Maya
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Ganaron “Los Toletes” en el “13 de Marzo” pero la victoria fue de todos los taxistas

Desde una noche cualquiera que, sin avisar, se convierte en memoria, este martes, la final del torneo de softbol de la Tercera Fuerza B entre Toletes y Warrior’s fue mucho más que un juego. Fue una escena de comunidad: familias enteras, muchas del gremio taxista, reunidas en el e

Ganaron “Los Toletes” en el “13 de Marzo” pero la victoria fue de todos los taxistas
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Desde una noche cualquiera que, sin avisar, se convierte en memoria, este martes, la final del torneo de softbol de la Tercera Fuerza B entre Toletes y Warrior’s fue mucho más que un juego.

Fue una escena de comunidad: familias enteras, muchas del gremio taxista, reunidas en el estadio “13 de marzo” para compartir algo tan simple y tan necesario como la alegría de estar juntos.

Ganaron los Toletes por una carrera en el cierre de la séptima entrada, pero eso fue lo de menos. Lo verdaderamente valioso fue lo que pasó fuera del marcador: abrazos, risas, niños corriendo, madres gritando desde las gradas con emoción, padres quitándose por un rato el cansancio del volante para convertirse en fans, en amigos, en parte de una historia que se teje con cariño.

Hablar de taxistas es hablar de esfuerzo. De largas horas, de tráfico, de responsabilidades que no dan tregua. Pero también es hablar de personas que saben que la vida no se reduce al trabajo, que el corazón necesita espacios donde reencontrarse con lo que importa. El softbol, en este caso, es más que un deporte: es un pretexto para convivir, para respirar en comunidad, para recordarnos que aún hay lugares donde la familia puede ser familia, sin pantallas ni prisas.

Lo que pasa en estos partidos es profundamente humano. Nos recuerda que no hacen falta grandes eventos para hacer grande una noche. Solo se necesita un campo iluminado, un grupo de personas con ganas de jugar limpio —dentro y fuera del diamante— y una comunidad dispuesta a celebrar lo cotidiano.

Porque en un mundo donde cada vez estamos más separados por la rutina, el estrés o la incertidumbre, el simple acto de sentarse juntos a ver un juego, de aplaudir con el alma, de compartir un refresco y una sonrisa, es una forma de resistir. De decir: aquí estamos, juntos, vivos, en paz.

Quizás el softbol no cambie el mundo, pero sí puede transformar una noche… y a veces, con eso basta.